martes, 25 de enero de 2011

Ola de frío (y estupidez)


De un tiempo a esta parte los noticiarios televisivos -lo que se llamaba “el parte” en tiempos pretéritos- dedican gran parte de su duración a informarnos de la situación meteorológica. No me refiero al espacio que desde que lo dirigía Don Mariano Medina se reservaba a informar de la previsión del tiempo. Tampoco quiero hacer hincapié en que esos espacios cada vez tienen más minutos (si al televidente le interesa no me parece criticable que el programador les dé más espacio). Lo que no logro entender es que durante el propio noticiario, es decir, durante el tiempo que debiera estar dedicado a las las noticias políticas, económicas e incluso de sucesos, cada vez se cuela con más frecuencia (por no decir de manera constante) informaciones que no aportan nada.

Es muy habitual, hasta el punto de convertirse en la noticia principal que abre el noticiario, que con grandes titulares se nos informe que hoy veinticinco de enero hace un frío que pela. También pasa en verano que todas las alarmas se disparan para advertirnos que “hoy 25 de julio, las temperaturas alcanzarán los 40º centígrados en las latitudes más al sur de la península”. Todo ello aderezado con conexiones en directo a los centro territoriales de la cadena en la que aparece un periodista con un termómetro a sus espaldas. ¿Aporta algo esta información al ciudadano medio que como todos los meses de enero de su vida ha madrugado, se ha abrigado bien y se ha ido a trabajar o la cola del paro?

Más chocante... mejor dicho... más ofensivo para el inteligencia son los consejos de interés público que acompañan a estas “noticias”. “Las autoridades han advertido que debe abrigarse bien si va a salir a la calle, que debe tener cuidado con no escurrirse con las placas de hielo, además, si Ud. tiene pensado conducir por zona de montaña o donde suela nevar lleve cadenas en el coche,...”. Personalmente me gustan más las advertencias de las autoridades en verano: “vaya por la sombra, no haga ejercicio físico al sol después de comer, cúbrase la cabeza si va a estar mucho tiempo al sol, si tiene sed beba agua y procure no tener a los niños o al abuelo todo el día a la solanera porque les puede dar un patatús”.

¿Estas autoridades que nos aconsejan tan bien son esos mismos señores -y señoras- que cada cuatro años nos dicen que nos van a arreglar la vida y nos piden encarecidadmente que les señalemos a ellos como nuestros elegidos? ¿Estas autoridades son las que viven del salario que les proporcionamos con el pago de los impuestos? ¿Estas autoridades son las que gestionan miles de millones de euros de todos? ¿Estas autoridades son las que se insultan desde supuestas trincheras para luego trinchar el pavo y repartírselo entre ellos? ¿Estas autoridades son las mismas que todo lo que han hecho en su vida es medrar dentro de su facción/banda/partido político hasta conseguir un cargo? ¿Estas autoridades son las mismas que están tranquilas en su poltrona mientras los ciudadanos consentimos la falacia en la que vivimos?

Yo, por mi parte, prefiero dirigir mi mirada a lo realmente importante y meter mi dedo acusatorio en el bolsillo: ¡joder, qué frío!.

martes, 4 de enero de 2011

Qué pena de país


Queridos lectores, antes de nada advierto que soy exfumador, en realidad soy un fumador que lleva año y medio sin fumar.

Estoy sorprendido con las estúpidas reacciones en relación a la aplicación de la ley que prohíbe el consumo de tabaco en locales públicos.

Recuerdo con estupefacción los tiempos en que mis profesores fumaban en el aula. Entre el mobiliario de cualquier aula se encontraba la pizarra, las tizas, el borrador, la regla de madera y el cenicero para el maestro... entonces ya nos regíamos por la Santa Constitución. Se prohibió fumar en el aula y nada pasó: los profesores siguieron impartiendo sus clases.

Tampoco hace tanto que estaba permitido fumar dentro de los vagones del metro y hoy, nos produce asombro que pudiéramos viajar en aquellos convoyes destartalados y chirriantes, aplastados por la fisonomía y olores del resto de conciudadanos y respirando la densa nube de humo de los fumadores. Se prohibió y tampoco pasó nada: los fumadores no cambiaron el metro por el cochecito de San Fernando.

Hace “dos días” que se prohibió fumar en el trabajo y cuesta plantearse qué hacía posible que los no fumadores aguantaran la nube de humo y el olor a tabaco de sus compañeros fumadores. Nadie ha cambiado de trabajo por no poder fumar.

Sinceramente, entiendo que pueda crearse cierta polémica sobre la medida. Entiendo que puedan plantearse dudas sobre los efectos económicos que pueda reportar a la hostelería. Entiendo que el fumador se pueda llegar a sentir un proscrito de la sociedad a pesar de contribuir con esa sociedad (vía impuesto) cada vez que decide encender un cigarrillo. Pero de ahí, a que un señor se le ocurra asegurar que ha despedido a un empleado por culpa de la nueva ley (que lleva funcionando dos días); o que la estúpida ministra del ramo llame a la delación ciudadana llamando delito a lo que es un simple infracción administrativa; o que un empresario de Marbella llame a la insumisión asegurando que la norma no es más que una “cortina de humo” para ocultar la crisis económica (qué tendrá que ver los cojones con comer trigo); o que los socialista de foro y teclado aseguren que el PP es el demonio por ponerse en contra de la salud de los españoles y apoyar el capitalismo desaforado de los dueños de tascas, bares y demás prósperos negocios; o que un señor agreda a una enfermera porque le llama la atención por incumplir una norma (la que sea) y enseguida los medios de comunicación den cuenta de que se trata de una detención por fumar...

En fin, España no tiene arreglo... no hay mesura, no hay raciocinio, no hay empatía, no hay solidaridad, no hay NADA digno de ser conservado

martes, 21 de diciembre de 2010

Qué barbaridad

Imaginen por un momento un gobierno (del tinte político que sea) que
adopta la siguiente medida:

Se crea una comisión política que decidirá qué contenido vulnera
determinadas "libertades y derechos" y que, además, puede adoptar
directamente las medidas que estime conveniente para evitarlo. Es decir,
una comisión política que decide a quien se le tapa la boca.

Luego, para de alguna manera tratar de legitimar lo drástico de la medida,
lo tiñe con un supuesto "control judicial". Control judicial que se limita
a la creación un órgano jurisdiccional ad hoc que se encarga de dar el
visto bueno a la medida citando al supuestamente agraviado, a la propia
comisión política y al Fiscal (que ha sido nombrado por los mismos
políticos que forman parte de la comisión política), pero en ningún caso
es citado o tiene el derecho a defenderse a quien se le tapa la boca.

¿Estamos hablando de una república bananera, estamos hablando de Cuba, de
Venezuela, de una dictadura estalisita o fascista? NO

Para la historia, transcribo el contenido más polémico de la famosa ley
Sinde que, parece ser, finalmente no verá la luz:

"La sección podrá adoptar las medidas para que se interrumpa la prestación
de un servicio de la sociedad de la información o para retirar los
contenidos que vulneren la propiedad intelectual por parte de un prestador
con ánimo de lucro, directo o indirecto, o que haya causado o sea
susceptible de causar un daño patrimonial. La ejecución de estos actos, en
cuanto pueden afectar a los derechos y libertades garantizados en el
artículo 20 de la Constitución, requerirá de la previa autorización
judicial, de acuerdo con el procedimiento regulado en el artículo 122 bis
de la Ley reguladora de la Jurisdicción Contencioso- administrativa.
Lo dispuesto en este apartado se entiende sin perjuicio de las acciones
civiles, penales y contencioso-administrativas que, en su caso, sean
procedentes.
Reglamentariamente se determinarán la composición y funcionamiento de la
Sección y el procedimiento para el ejercicio de las funciones que tiene
atribuidas. El procedimiento para el restablecimiento de la legalidad, que
se iniciará siempre a instancia del titular de los derechos de propiedad
intelectual que se consideran vulnerados o de la persona que tuviera
encomendado su ejercicio, estará basado en los principios de celeridad,
proporcionalidad y demás previstos en la Ley 30/1992, de 26 de noviembre,
de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento
Administrativo Común".


"En el plazo improrrogable de cuatro días siguientes a la recepción de la
notificación de la resolución de la Comisión y poniendo de manifiesto el
expediente, el Juzgado convocará al representante legal de la
Administración, al Ministerio Fiscal y a los titulares de los derechos y
libertades afectados o a la persona que éstos designen como representante
a una audiencia en la que, de manera contradictoria, oirá a todos los
personados y resolverá mediante auto. La decisión que se adopte únicamente
podrá autorizar o denegar la ejecución de la medida. "

lunes, 13 de diciembre de 2010

De mal que sufrimos


Estoy harto de la personas que no respetan a nadie y tratan de aprovechar su condición en perjuicio de los demás.

Cada día es más frecuente encontrarse con ciertos personajes que se amparan en una supuesta respetabilidad para obviar a quien no consideran un igual.

Es habitual encontrarse a estos seres en cualquier sitio y nunca desaprovechan la ocasión para pisar a quien haga falta para conseguir su objetivo.

Para este tipo de personas las reglas son las que imponen ellos. No hay regla de conducta socialmente aceptada que les incumba a ellos. El egoísmo, la presunción, la hipocresía,...

En la mayoría de las ocasiones suelen ser mujeres que dejaron su edad fértil más de treinta años atrás. Y es algo que se repite en cualquier tipo de establecimiento sin importar su categoría. Habitualmente, cuando más gente hay a la espera de recibir el servicio o de abonar lo adeudado, estas señoras obvian al resto de clientes y deciden que ellas son las que tiene más prisa y, por lo tanto, que tienen derecho a saltarse la “cola” y ser las primeras en ser atendidas.

Utilizan diversas técnicas. Una -la más habitual- es hacerse las despistadas y de manera descarada ponerse las primeras aunque sea a costa de propinar algún codazo o pisotón. En estas ocasiones, si alguien osa a reconvenirlas -quién va a protestar por un despiste de una pobrecita señora mayor, viuda, pensionista y desvalida- ellas se afanan en pedir disculpas y decir que no se han dado cuenta, añadiendo un “si no les importa, no tardo nada”. Han logrado su objetivo.

Hay otra técnica que utilizan las más pudorosas en lograr su objetivo. Normalmente esta modalidad es utilizada en supermercados o tiendas en las que se forman largas colas a la hora de pagar y la suelen emplear quienes consideran que adquirir un solo producto les da derecho a evitar la larga espera. Su frase es siempre: “les importa, llevo sólo una barra de pan...” Como esperan una respuesta afirmativa -pues las personas de bien suelen ser pudorosas y no les gusta provocar enfrentamientos- al mismo tiempo que emiten la frase están ya depositando su compra en el mostrador.

Esta segunda técnica suele tener éxito también, salvo que en la cola se encuentre alguien intransigente -y quizás algo provocador- como yo. Recientemente, mientras estaba apunto de depositar los productos del rebosante carrito en el mostrador de la caja registradora de una tienda de una red de supermercados de reconocido prestigio, un educado señor de mediana edad -honrosa excepción a la habitualidad- se situó a mi vera y al tiempo que depositaba dos barras de pan en el mostrador soltó la conocida frase de “les importa, llevo sólo...”. “Sí, sí me importa”, contesté con firmeza. El buen hombre, no debió entender lo que le decía o se quedó muy descolocado por la inesperada respuesta, porque con una sonrisa algo forzada siguió con el gesto de depositar sus barras de pan en el mostrador. “Qué sí, que sí que me importa, que no le autorizo a que pase delante de mí: guarde Ud. la cola como todo el mundo”.

En el rostro de aquel buen hombre se notó su rubor. Trató -o esa impresión me dio- de balbucear algo que no logré entender. Fue un ruido gutural que reflejaba al mismo tiempo la petición de disculpas con un insulto a mi persona. Al menos eso supuse. El caso es que recogió sus barras de pan y se puso a la cola.

Cuando me giré y contemplé los rostros atónitos del resto de clientes que esperaban su turno, por un instante, me entraron dudas por mi actuación. Me vino a la mente la posibilidad de que alguien me reconviniera por mi actitud y se montara el “pollo”. Que, como es habitual en la España actual, alguien gritara “¡facha!”, otro contestara que “tu p... madre”, que otro dijera “sois todos unos rojos de m...”. En fin, temí que se politizara el incidente.

Gracias a Dios, imperó la cordura y nadie dijo absolutamente nada. Es más percibí en alguna de las miradas de mis compañeros de espera un sentimiento de aprobación e incluso de agradecimiento.

viernes, 10 de diciembre de 2010

La estupidez de ser humano


Ayer comprobé una vez más la estupidez del ser humano. Para ser más concreto, la estupidez del ser humano español.

Hay un joven -con el coincido casi a diario aunque nunca he cruzado una palabra con él- que ayer me confirmó que el mundo está lleno de imbéciles.

El susodicho, rodeado de un grupo de gente que le escuchaba con verdadero interés, pontificaba sobre diversas teorías “conspiranoicas”. Ya sabrán mis lectores a qué me refiero con “conspiranoicas”: que si el hombre nunca llegó a la luna, que si a Kennedy lo mató la CIA, que si la CIA estrelló los aviones del 11-S, etc...

Pues bien, el joven -haciendo alarde de su profunda cultura, sin lugar a dudas, adquirida por largas horas dedicadas a la lectura de Platón, Rosseau, Kant y otros sabios- explicaba a su entregada audiencia que las drogas habían surgido en los años 60 (sí, sí, del siglo XX) y que todo fue una confabulación de “los que dominan el mundo”. No aclaró si esos que “dominan el mundo” eran la Trilateral, los masones, los templarios, los del club Bildeberg, el Opus Dei o todos ellos juntos.

El caso es que mientras yo me servía un café, tuve que escuchar cómo el citado personaje afirmaba que el movimiento hippie fue creado por ese “gobierno en la sombra” para convencer al mundo del beneficio del consumo de drogas. Según explicó, los confabuladores habían trazado un plan en virtud del cual una vez la juventud hippie hubiera comprobado los beneficios de la droga (especialmente del LSD, según aclaró) quedaría enganchados y necesitaría consumir más y más, lo que provocaría que los malos malísimos -los mismos del 11S y la luna y todo eso- vieran incrementar sus beneficios de manera exponencial.

Como todo buen “cuentahistorias”, expuso un clarificador ejemplo para que no quedaran dudas: “es como hacen ahora las compañías de telefonía, se inventan el teléfono móvil y una vez que todo el mundo tiene uno y le ha cogido el gustillo, suben el precio de las llamadas”. Ilustrativo ejemplo sin lugar a dudas. Poco importa que se trate de una técnica habitual empleada en los negocios desde que el primer hombre vendió algo a otro hombre.

Pero su historia no quedó ahí. No sólo el movimiento hippie fue inducido por el “poder oculto”, sino que su máximo santón, John Lennon, era un títere de la CIA, como demuestra su canción de “Imagine”. En dicho tema se ve bien a las claras que, bajo un supuesto “buenrollismo”, lo que se pretende es convencer a las pobres gentes no iniciadas de los beneficios de la globalización. Lo del mundo sin fronteras y sin religiones, es un camelo para meter a la gente en la falsa creencia de que la globalización es buena. Cuando está claro que la gente de bien y concienciada como él, lucha contra la globalización porque sólo beneficia a los malos... Terminé de servirme el café y salí corriendo de allí con una mueca en mi rostro que podría estar entre la sonrisa y el terror.

Estos “consparanoicos”, siempre parten de una realidad (las drogas enganchan y quienes trafican con ellas se enriquecen) para crear una historia alrededor dándole aires mistificadores y ocultos para no iniciados que la convierte en más atractiva y es consumida mucho mejor por la masa.

Cada día estoy más convencido que la media de la juventud española actual responde a este perfil de asiduo lector de foros de internet, wikipedias, danes browns, etc... porque si no ¿cómo se explican los vacuos mensajes que la clase política se dedica a emitir con el fin de obtener respaldo?

En una sociedad mínimamente formada nadie en su sano juicio -o sin intereses particulares- podría apoyar a quien que le trata como un imbécil. Ayer, el citado personaje trataba a su audiencia como imbéciles y hoy -ayer, mañana y siempre- la clase política española nos trata como tales.

¿Seré yo un “conspiranoico” más?

jueves, 24 de junio de 2010