viernes, 10 de diciembre de 2010

La estupidez de ser humano


Ayer comprobé una vez más la estupidez del ser humano. Para ser más concreto, la estupidez del ser humano español.

Hay un joven -con el coincido casi a diario aunque nunca he cruzado una palabra con él- que ayer me confirmó que el mundo está lleno de imbéciles.

El susodicho, rodeado de un grupo de gente que le escuchaba con verdadero interés, pontificaba sobre diversas teorías “conspiranoicas”. Ya sabrán mis lectores a qué me refiero con “conspiranoicas”: que si el hombre nunca llegó a la luna, que si a Kennedy lo mató la CIA, que si la CIA estrelló los aviones del 11-S, etc...

Pues bien, el joven -haciendo alarde de su profunda cultura, sin lugar a dudas, adquirida por largas horas dedicadas a la lectura de Platón, Rosseau, Kant y otros sabios- explicaba a su entregada audiencia que las drogas habían surgido en los años 60 (sí, sí, del siglo XX) y que todo fue una confabulación de “los que dominan el mundo”. No aclaró si esos que “dominan el mundo” eran la Trilateral, los masones, los templarios, los del club Bildeberg, el Opus Dei o todos ellos juntos.

El caso es que mientras yo me servía un café, tuve que escuchar cómo el citado personaje afirmaba que el movimiento hippie fue creado por ese “gobierno en la sombra” para convencer al mundo del beneficio del consumo de drogas. Según explicó, los confabuladores habían trazado un plan en virtud del cual una vez la juventud hippie hubiera comprobado los beneficios de la droga (especialmente del LSD, según aclaró) quedaría enganchados y necesitaría consumir más y más, lo que provocaría que los malos malísimos -los mismos del 11S y la luna y todo eso- vieran incrementar sus beneficios de manera exponencial.

Como todo buen “cuentahistorias”, expuso un clarificador ejemplo para que no quedaran dudas: “es como hacen ahora las compañías de telefonía, se inventan el teléfono móvil y una vez que todo el mundo tiene uno y le ha cogido el gustillo, suben el precio de las llamadas”. Ilustrativo ejemplo sin lugar a dudas. Poco importa que se trate de una técnica habitual empleada en los negocios desde que el primer hombre vendió algo a otro hombre.

Pero su historia no quedó ahí. No sólo el movimiento hippie fue inducido por el “poder oculto”, sino que su máximo santón, John Lennon, era un títere de la CIA, como demuestra su canción de “Imagine”. En dicho tema se ve bien a las claras que, bajo un supuesto “buenrollismo”, lo que se pretende es convencer a las pobres gentes no iniciadas de los beneficios de la globalización. Lo del mundo sin fronteras y sin religiones, es un camelo para meter a la gente en la falsa creencia de que la globalización es buena. Cuando está claro que la gente de bien y concienciada como él, lucha contra la globalización porque sólo beneficia a los malos... Terminé de servirme el café y salí corriendo de allí con una mueca en mi rostro que podría estar entre la sonrisa y el terror.

Estos “consparanoicos”, siempre parten de una realidad (las drogas enganchan y quienes trafican con ellas se enriquecen) para crear una historia alrededor dándole aires mistificadores y ocultos para no iniciados que la convierte en más atractiva y es consumida mucho mejor por la masa.

Cada día estoy más convencido que la media de la juventud española actual responde a este perfil de asiduo lector de foros de internet, wikipedias, danes browns, etc... porque si no ¿cómo se explican los vacuos mensajes que la clase política se dedica a emitir con el fin de obtener respaldo?

En una sociedad mínimamente formada nadie en su sano juicio -o sin intereses particulares- podría apoyar a quien que le trata como un imbécil. Ayer, el citado personaje trataba a su audiencia como imbéciles y hoy -ayer, mañana y siempre- la clase política española nos trata como tales.

¿Seré yo un “conspiranoico” más?

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