martes, 21 de diciembre de 2010

Qué barbaridad

Imaginen por un momento un gobierno (del tinte político que sea) que
adopta la siguiente medida:

Se crea una comisión política que decidirá qué contenido vulnera
determinadas "libertades y derechos" y que, además, puede adoptar
directamente las medidas que estime conveniente para evitarlo. Es decir,
una comisión política que decide a quien se le tapa la boca.

Luego, para de alguna manera tratar de legitimar lo drástico de la medida,
lo tiñe con un supuesto "control judicial". Control judicial que se limita
a la creación un órgano jurisdiccional ad hoc que se encarga de dar el
visto bueno a la medida citando al supuestamente agraviado, a la propia
comisión política y al Fiscal (que ha sido nombrado por los mismos
políticos que forman parte de la comisión política), pero en ningún caso
es citado o tiene el derecho a defenderse a quien se le tapa la boca.

¿Estamos hablando de una república bananera, estamos hablando de Cuba, de
Venezuela, de una dictadura estalisita o fascista? NO

Para la historia, transcribo el contenido más polémico de la famosa ley
Sinde que, parece ser, finalmente no verá la luz:

"La sección podrá adoptar las medidas para que se interrumpa la prestación
de un servicio de la sociedad de la información o para retirar los
contenidos que vulneren la propiedad intelectual por parte de un prestador
con ánimo de lucro, directo o indirecto, o que haya causado o sea
susceptible de causar un daño patrimonial. La ejecución de estos actos, en
cuanto pueden afectar a los derechos y libertades garantizados en el
artículo 20 de la Constitución, requerirá de la previa autorización
judicial, de acuerdo con el procedimiento regulado en el artículo 122 bis
de la Ley reguladora de la Jurisdicción Contencioso- administrativa.
Lo dispuesto en este apartado se entiende sin perjuicio de las acciones
civiles, penales y contencioso-administrativas que, en su caso, sean
procedentes.
Reglamentariamente se determinarán la composición y funcionamiento de la
Sección y el procedimiento para el ejercicio de las funciones que tiene
atribuidas. El procedimiento para el restablecimiento de la legalidad, que
se iniciará siempre a instancia del titular de los derechos de propiedad
intelectual que se consideran vulnerados o de la persona que tuviera
encomendado su ejercicio, estará basado en los principios de celeridad,
proporcionalidad y demás previstos en la Ley 30/1992, de 26 de noviembre,
de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento
Administrativo Común".


"En el plazo improrrogable de cuatro días siguientes a la recepción de la
notificación de la resolución de la Comisión y poniendo de manifiesto el
expediente, el Juzgado convocará al representante legal de la
Administración, al Ministerio Fiscal y a los titulares de los derechos y
libertades afectados o a la persona que éstos designen como representante
a una audiencia en la que, de manera contradictoria, oirá a todos los
personados y resolverá mediante auto. La decisión que se adopte únicamente
podrá autorizar o denegar la ejecución de la medida. "

lunes, 13 de diciembre de 2010

De mal que sufrimos


Estoy harto de la personas que no respetan a nadie y tratan de aprovechar su condición en perjuicio de los demás.

Cada día es más frecuente encontrarse con ciertos personajes que se amparan en una supuesta respetabilidad para obviar a quien no consideran un igual.

Es habitual encontrarse a estos seres en cualquier sitio y nunca desaprovechan la ocasión para pisar a quien haga falta para conseguir su objetivo.

Para este tipo de personas las reglas son las que imponen ellos. No hay regla de conducta socialmente aceptada que les incumba a ellos. El egoísmo, la presunción, la hipocresía,...

En la mayoría de las ocasiones suelen ser mujeres que dejaron su edad fértil más de treinta años atrás. Y es algo que se repite en cualquier tipo de establecimiento sin importar su categoría. Habitualmente, cuando más gente hay a la espera de recibir el servicio o de abonar lo adeudado, estas señoras obvian al resto de clientes y deciden que ellas son las que tiene más prisa y, por lo tanto, que tienen derecho a saltarse la “cola” y ser las primeras en ser atendidas.

Utilizan diversas técnicas. Una -la más habitual- es hacerse las despistadas y de manera descarada ponerse las primeras aunque sea a costa de propinar algún codazo o pisotón. En estas ocasiones, si alguien osa a reconvenirlas -quién va a protestar por un despiste de una pobrecita señora mayor, viuda, pensionista y desvalida- ellas se afanan en pedir disculpas y decir que no se han dado cuenta, añadiendo un “si no les importa, no tardo nada”. Han logrado su objetivo.

Hay otra técnica que utilizan las más pudorosas en lograr su objetivo. Normalmente esta modalidad es utilizada en supermercados o tiendas en las que se forman largas colas a la hora de pagar y la suelen emplear quienes consideran que adquirir un solo producto les da derecho a evitar la larga espera. Su frase es siempre: “les importa, llevo sólo una barra de pan...” Como esperan una respuesta afirmativa -pues las personas de bien suelen ser pudorosas y no les gusta provocar enfrentamientos- al mismo tiempo que emiten la frase están ya depositando su compra en el mostrador.

Esta segunda técnica suele tener éxito también, salvo que en la cola se encuentre alguien intransigente -y quizás algo provocador- como yo. Recientemente, mientras estaba apunto de depositar los productos del rebosante carrito en el mostrador de la caja registradora de una tienda de una red de supermercados de reconocido prestigio, un educado señor de mediana edad -honrosa excepción a la habitualidad- se situó a mi vera y al tiempo que depositaba dos barras de pan en el mostrador soltó la conocida frase de “les importa, llevo sólo...”. “Sí, sí me importa”, contesté con firmeza. El buen hombre, no debió entender lo que le decía o se quedó muy descolocado por la inesperada respuesta, porque con una sonrisa algo forzada siguió con el gesto de depositar sus barras de pan en el mostrador. “Qué sí, que sí que me importa, que no le autorizo a que pase delante de mí: guarde Ud. la cola como todo el mundo”.

En el rostro de aquel buen hombre se notó su rubor. Trató -o esa impresión me dio- de balbucear algo que no logré entender. Fue un ruido gutural que reflejaba al mismo tiempo la petición de disculpas con un insulto a mi persona. Al menos eso supuse. El caso es que recogió sus barras de pan y se puso a la cola.

Cuando me giré y contemplé los rostros atónitos del resto de clientes que esperaban su turno, por un instante, me entraron dudas por mi actuación. Me vino a la mente la posibilidad de que alguien me reconviniera por mi actitud y se montara el “pollo”. Que, como es habitual en la España actual, alguien gritara “¡facha!”, otro contestara que “tu p... madre”, que otro dijera “sois todos unos rojos de m...”. En fin, temí que se politizara el incidente.

Gracias a Dios, imperó la cordura y nadie dijo absolutamente nada. Es más percibí en alguna de las miradas de mis compañeros de espera un sentimiento de aprobación e incluso de agradecimiento.

viernes, 10 de diciembre de 2010

La estupidez de ser humano


Ayer comprobé una vez más la estupidez del ser humano. Para ser más concreto, la estupidez del ser humano español.

Hay un joven -con el coincido casi a diario aunque nunca he cruzado una palabra con él- que ayer me confirmó que el mundo está lleno de imbéciles.

El susodicho, rodeado de un grupo de gente que le escuchaba con verdadero interés, pontificaba sobre diversas teorías “conspiranoicas”. Ya sabrán mis lectores a qué me refiero con “conspiranoicas”: que si el hombre nunca llegó a la luna, que si a Kennedy lo mató la CIA, que si la CIA estrelló los aviones del 11-S, etc...

Pues bien, el joven -haciendo alarde de su profunda cultura, sin lugar a dudas, adquirida por largas horas dedicadas a la lectura de Platón, Rosseau, Kant y otros sabios- explicaba a su entregada audiencia que las drogas habían surgido en los años 60 (sí, sí, del siglo XX) y que todo fue una confabulación de “los que dominan el mundo”. No aclaró si esos que “dominan el mundo” eran la Trilateral, los masones, los templarios, los del club Bildeberg, el Opus Dei o todos ellos juntos.

El caso es que mientras yo me servía un café, tuve que escuchar cómo el citado personaje afirmaba que el movimiento hippie fue creado por ese “gobierno en la sombra” para convencer al mundo del beneficio del consumo de drogas. Según explicó, los confabuladores habían trazado un plan en virtud del cual una vez la juventud hippie hubiera comprobado los beneficios de la droga (especialmente del LSD, según aclaró) quedaría enganchados y necesitaría consumir más y más, lo que provocaría que los malos malísimos -los mismos del 11S y la luna y todo eso- vieran incrementar sus beneficios de manera exponencial.

Como todo buen “cuentahistorias”, expuso un clarificador ejemplo para que no quedaran dudas: “es como hacen ahora las compañías de telefonía, se inventan el teléfono móvil y una vez que todo el mundo tiene uno y le ha cogido el gustillo, suben el precio de las llamadas”. Ilustrativo ejemplo sin lugar a dudas. Poco importa que se trate de una técnica habitual empleada en los negocios desde que el primer hombre vendió algo a otro hombre.

Pero su historia no quedó ahí. No sólo el movimiento hippie fue inducido por el “poder oculto”, sino que su máximo santón, John Lennon, era un títere de la CIA, como demuestra su canción de “Imagine”. En dicho tema se ve bien a las claras que, bajo un supuesto “buenrollismo”, lo que se pretende es convencer a las pobres gentes no iniciadas de los beneficios de la globalización. Lo del mundo sin fronteras y sin religiones, es un camelo para meter a la gente en la falsa creencia de que la globalización es buena. Cuando está claro que la gente de bien y concienciada como él, lucha contra la globalización porque sólo beneficia a los malos... Terminé de servirme el café y salí corriendo de allí con una mueca en mi rostro que podría estar entre la sonrisa y el terror.

Estos “consparanoicos”, siempre parten de una realidad (las drogas enganchan y quienes trafican con ellas se enriquecen) para crear una historia alrededor dándole aires mistificadores y ocultos para no iniciados que la convierte en más atractiva y es consumida mucho mejor por la masa.

Cada día estoy más convencido que la media de la juventud española actual responde a este perfil de asiduo lector de foros de internet, wikipedias, danes browns, etc... porque si no ¿cómo se explican los vacuos mensajes que la clase política se dedica a emitir con el fin de obtener respaldo?

En una sociedad mínimamente formada nadie en su sano juicio -o sin intereses particulares- podría apoyar a quien que le trata como un imbécil. Ayer, el citado personaje trataba a su audiencia como imbéciles y hoy -ayer, mañana y siempre- la clase política española nos trata como tales.

¿Seré yo un “conspiranoico” más?