viernes, 6 de junio de 2008

Regresó José Tomás

Ayer fue el día. Ayer regresó José Tomás. No sólo regresó a Las Ventas. José Tomás, el toreo, regresó a la Fiesta.
Lejos del “uy” y el “ay” que ha imperado en su carrera desde el año 2000. Ha vuelto el torero que encandiló a la Catedral en los años que siguieron a su alternativa en 1996; pero ha vuelto en una versión aumentada, sólo ensoñada por la afición y, quizás, casi irreal.
La figura erguida, la planta atornillada al ruedo, la muleta barriendo la arena, el trazo largo y terso hasta más allá de lo imaginado; la bestia entregada dócil ante al poder de quien maneja el paño rojo. Látigo y caricia en un solo trazo.
Donde lo toros hieren, ahí se puso ayer José Tomás. Ahí se puso, para torear. Para hacer el toreo eterno, el que llega al aficionado y al que se asoma al ruedo por primera vez. Quedaron olvidados los “uys” y un rugir de, olés sentidos y roncos, embriagaron el aire de Madrid.
El corifeo de palmeros del diestro de Galapagar, redescubrió la verdad de su torero. Los suspicaces que le esperaban con el hacha presto a hacer astillas la leyenda, bramaron entusiasmados con su conversión en mito.
Ayer, ensoñación del toreo. Hoy, portada en la prensa nacional. Mañana y siempre, hito esculpido con letras de oro en la historia de la Tauromaquia.

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