miércoles, 11 de junio de 2008

Huelga en el transporte

La huelga de los transportistas, bueno, en realidad el cierre patronal -o “lock-out”, que es de lo que se trata y que no está amparado por la legislación española- que estamos sufriendo está dando muestras de la catadura de la sociedad española.

Por un lado, una asociación empresarial minoritaria que, aprovechándose de las duras dificultades del sector y de todos los españoles (a mí también me cuesta más llenar el depósito y la cesta de la compra y la hipoteca y ....), con un tanto grande de demagogia, lanza a los camioneros a la calle para reivindicar lo que no es reivindicable. En una economía basada en planes quinquenales de corte estalinista estaría bien visto que se fijaran los precios de un sector económico por la administración, pero en una economía de mercado como la nuestra (al menos en parte) y en un sector que funciona con las reglas del libre mercado desde los tiempos en que los arrieros inundaban todos los caminos reales de la península, tal pretensión carece de sentido.

Por otro lado, los camioneros, azuzados por su maltrecho bolsillo, ejerciendo de eso mismo en su más vulgar acepción –de camionero, digo, no de bolsillo -. Atravesando sus monstruosos vehículos en las autovías españolas; informando a su compañeros esquiroles con las convincentes razones del palo y tente tieso; jodiendo a todo hijo de vecino que quiere llegar puntual a su trabajo o a su tiempo de ocio; bloqueando la libre circulación de los españoles, de las españolas, de los inmigrantes e inmigrantas, así como de los turistas y turistos. Ah! Y poniendo en práctica lo que hace años les enseñaron gratie et amore los simpáticos agricultores galos –convergencia europea, lo llaman.

Más allá, un gobierno que, a pesar de ser socialista, hace una vez más alarde de liberalismo económico: “esto no va conmigo”. Me río yo de los “neocon” norteamericanos o los ultraliberales habituales en ciertas tertulias radiofónicas. El tancredismo del gabinete rector de los designios patrios será digno de estudio y sus políticas económicas sustituirán a Adam Smith como faro y guía del liberalismo económico.

Y más acá: el Pueblo Español. Tan sufrido, tan doliente, aguantando todo lo que se le viene encima con resignación digna de encomio. Dando ejemplo al mundo una vez más de cómo la dignidad de un pueblo está por encima de los gobernantes que tiene que sufrir. La solidaridad con el necesitado. El respeto al diferente. Es estoicismo ante la desgracia... las aglomeraciones en el supermercado; los codazos por alcanzar del estante la última lata de atún en conserva; los pinchazos de ruedas en la cola de las gasolineras para ganar un puesto y poder llenar el depósito de cara a la próximas vacaciones de agosto; la compra compulsiva de leche en polvo para bebés ya nacidos, para algún nasciturus e incluso para algún no engendrado; las bañeras llenas de aceite en prevención de un ataque nuclear;...

Tenemos lo que nos merecemos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

yo lo único que sé, es que siempre pagamos los/as mismos/as, los/las que no tenemos/as la/o culpa/o

Mi Portal Vida dijo...

Como dice el refran siempre pagan justos y pecadores. Es bueno tu comenterio