jueves, 10 de enero de 2008

La Opinión

La opinión es algo que cada vez está más denostado. No se respeta al opinador profesional. No se respeta ni valora su parcialidad. Sus conocimientos nos son ponderados en su justa medida. Hay quien piensa -erróneamente- que el opinador profesional no sabe de nada.
Pero el grave problema no radica en el pueblo que juzga y minusvalora la docta opinión de estos profesionales. Realmente es el propio opinador el que da lugar a que así se le trate. ¿Por qué se preguntaran, apreciados lectores? Pues porque el opinador no se enfrenta ya visceralmente a su homólogo, no saca el hacha de guerra y lo blande contra quien ose discutir su autoridad máxima. Ni siquiera amenaza con soltar dos soplamocos a quien pone en duda su recto criterio en el tema debatido. Ya no gritan como antaño, ya no descalifican con denuedo, ya no ofenden a sus iguales. Ya no hacen ver que verdad sólo hay una y es la que sale por su boca por inspiración divina.

Desgraciadamente hoy en día son muy pocos los opinadores que desde su parcialidad se crecen ante la adversidad, se mantienen firmes en el insulto y desprecio a los demás y hacen oídos sordos a los argumentos –siempre equivocados- del adversario. Ya pocos amenazan con graves consecuencias a quien les contradiga y menos hay que no se pongan colorados cuando se desmontan sus argumentos. Esa actitud, esa falta de firmeza, es la que ha llevado al opinador profesional al descrédito en el que desgraciadamente vive.

Pero gracias al Altísimo todavía quedan figuras que llevan con orgullo su parcialidad, su visceralidad y su absoluto desprecio por el que piensa distinto. De ellos será el reino de las tertulias y ellos serán nuestros salvadores. Por eso se agradecen iniciativas como la que enlazo a continuación en las que se ensalza a quien lo merece, a quien es adalid de los que todavía creemos en la Opinión: Gracias María Antonia

2 comentarios:

J77 dijo...

La he visto en vivo y en directo y es como un hobbit malvado.

Salía de la iglesia de San Isidro.

Sergio dijo...

Lo del club de fans es buenísimo. Lo mejor, aparte de las fotos, el carné de socio. ¡Si falsificas el número de socio no te dejan ir a las convivencias anuales!