
Tras una profunda reflexión sobre los últimos acontecimientos acaecidos con nuestro monarca –el Rey de España-, creo que ha llegado el momento de dar mi docta opinión sobre la tensa situación de las relaciones diplomáticas españolas con lo que, en tiempos, fueron las Españas de Ultramar.
Todos hemos sido testigos de la noble y viril reacción de Su Majestad ante la incontinente verborrea del Presidente Chávez que amenazaba con acallar para siempre el fluido verbo de nuestro querido Presidente “Z”. La imagen de Don José Luis Rodríguez Zapatero balbuceando, mientras el “Gorila Rojo” -adalid de los pueblos oprimidos- asestaba improperios contra su antecesor en el cargo –el Sr. Aznar- nos sobrecogió a todos. Al contemplar tamaña tropelía contra nuestros queridísimos presidentes, sentimos cómo nuestra Nación estaba siendo pisoteada; cómo nuestra Democracia –otrora, luz de guía para muchos pueblos- estaba siendo enterrada en el lodo de la demagogia; cómo el rojo y gualda de nuestra enseña se teñía de luto por el óbito de nuestra Patria; cómo la sinrazón de la atea fiera zahería hasta la muerte a la reserva espiritual de occidente;…
Pero, como Santiago a lomos de su blanco corcel, cual Rodrigo de Vivar a lomos de Babieca, o un redivivo Alejandro galopando sobre Bucéfalo, Don Juan Carlos interrumpió el oprobio: “¿Por qué no te callas?, hijo de Belcebú, ¿o prefieres que la forja toledana de mi espada atraviese tu cuerpo”… y el señor de los monos se calló.
Las reacciones a tamaña gesta – ya la altura de Covadonga, las Navas de Tolosa, Bailén y Perejil en el imaginario patrio- no se hicieron esperar y los analistas más concienzudos –incluidos los pagados por Ferraz y Génova- coincidieron en apoyar la acción de nuestro monarca con una sobrecogedora unanimidad.
Pero, gracias a Dios –porque Dios ama la discrepancia-, el diputado del grupo socialista, Francisco Garrido, ha hecho oficial su más rotunda oposición a la heroicidad de nuestro amado monarca. El Sr. Garrido ha condenado los "modos diplomáticamente inaceptables" del Rey al "mandar callar al presidente de Venezuela y de abandonar la sala ante la intervención del presidente de Nicaragua”.
No nos debemos dejar sorprender por su indignación. Es más, quizás deberíamos apoyar su tesis. Este señor es un padre de la Patria, diputado elegido por el pueblo español en elecciones libres y democráticas y nos representa a todos y cada uno de nosotros. No como el Sr. Rey, que no ha recibido ningún voto para ser Rey, como muy bien sabe el “Gorila Rojo” -y se ha encargado de recordarnos esta semana, dejando de lado cualquier atisbo de demagogia-. En toda democracia que se precie de llamarse así, el Rey es elegido año a año en elecciones generales, como por ejemplo ocurre en países de honda raigambre democrática como…, bueno, alguno habrá.
A lo que iba, apreciados lectores, no nos debemos sorprender por la actitud de tan noble varón socialista. No es la primera vez que el Sr. Garrido defiende a personajes de la talla del presidente Chávez. Sin ir más lejos hace unos meses este diputado propuso que se reconocieran los derechos humanos para los monos, porque todos somos iguales. Sí señor, ahí sus huevos. No pidió que se reconocieran los derechos “moniles” a los monos. Pidió, han leído bien, no es una errata, que se reconocieran los derechos del Hombre a los Monos…
Como miembro activo del Proyecto Gran Simio y siguiendo con su valiente lucha en pos de la extesión de la democracia y la libertad por todo el Universo no podía dejar de pasar la oportunidad de defender al Rey de la Manada. Un nuevo mundo es posible y si no lo creen, escuchen al diputado del año (por favor, escúchenlo hasta el final).
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